Familiares y amigos se reunieron en el Palacio de Bellas Artes para recordar al poeta Miguel Ángel Flores

CDMX a 17 de Mayo de 2018.- Acucioso lector, editor exigente, amigo entrañable, fueron entre muchos otros los comentarios vertidos por los participantes de la mesa en la que se rindió homenaje al poeta Miguel Ángel Flores, a unos meses de su fallecimiento -18 de enero, 2018.

Jorge Ruiz Dueñas, Juan Arroyo, Evodio Escalante, Valentín Almaraz y Bernardo Ruiz, recordaron anécdotas y pasajes de la vida y obra del escritor que aparte de una vasta obra poética, tradujo importantes textos.

Bernardo Ruiz, moderador de la mesa, agradeció a la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), el espacio que se les brindó para recordar a “un poeta excelente, gran ensayista, magnífico crítico”.

En tanto, Jorge Ruiz Dueñas redactó el texto que intituló Consolación por un poeta muerto, en el cual refirió que la palabra “consolación” es una forma grecolatina cercana al elogio, mientras que Maurice Ravel compuso la obra Pavana para una infanta muerta, cuya versión les gustaba escuchar a Miguel Ángel Flores y a él, por lo que hizo una combinación.

Recordó que seguramente su primer encuentro con Miguel Ángel fue en algún trámite burocrático cuando se incorporó a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de la cual fueron fundadores.

Comentó que era una rara avis con la que era posible hablar no solo de literatura, sino de otros temas, como economía y política; ser poeta, ensayista, traductor o periodista cultural no le impedía hacer uso de sus conocimientos en otras áreas.

Como poeta se ocupó de la poesía portuguesa e incursionó en la obra de escritores clásicos, chinos y japoneses.

Miguel Ángel se imponía a los deberes de la amistad, afirmó el también poeta, quien lamentó no haber estado con él en sus últimos momentos.

El editor Valentín Almaraz realizó una participación testimonial, según sus propias palabras. “Quiero hablarles de los momentos cuando Miguel Ángel demostraba su solidaridad, su desprendimiento y también su mal carácter”.

Relató su primer encuentro con el ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 1980, en el departamento editorial de la UAM Azcapotzalco, dijo que Flores llegó a su cubículo con un disquete que contenía su más reciente libro, aclarándole que no tenía erratas.

Almaraz dijo que cuando empezó a trabajar encontró varios errores, por lo que lo llamó y le dijo que iba a poner una nota del editor, diciendo que las erratas eran responsabilidad del autor.

Después de revisar, Flores aceptó los errores y Almaraz lo increpó diciéndole que qué ganaba con ser tan soberbio. Después del incidente el poeta invitó a comer al editor y se volvieron amigos entrañables.

Afirmó que le llena de tristeza su partida, pero siempre recordará al Miguel Ángel irónico y sarcástico.

Para el ensayista, poeta y profesor Evodio Escalante, “todos en uno, uno en todos”, es el lema de una generación, del grupo de amigos que surgió entre los años setenta y ochenta, y entre los que se encuentran Carlos Montemayor, Humberto Guzmán, Bernardo Ruiz y desde luego Miguel Ángel Flores, entre otros.

“Hay un hilo generacional que acerca y propicia diálogo e intercambio entre los estratos de los amigos. Este hilo lo podríamos denominar cordón umbilical generacional, la placenta sería algo que nos sobrepasa a todos, que son las décadas en las que convivimos”, dijo Escalante.

De Miguel Ángel Flores recordó que se acogió a la sombra que proyectaba sobre ese grupo José Emilio Pacheco, de quien quiso hacer la antología de Inventario y después de trabajar por largo tiempo, el escritor siempre no dio su autorización. Sin embargo, jamás se quejó por el tiempo invertido.

Miguel Ángel, al igual que Pacheco, compartió la obsesión por T. S. Eliot y escribió un ensayo en ocasión del centenario del natalicio del autor de La tierra baldía y aunque su admiración era mucha, no dejó de criticar y censurar las expresiones antisemitas en sus poemas.

Escalante finalizó su participación con la lectura del poema Encuentros, con el que dijo parece estar despidiéndose de la vida.

Para concluir las intervenciones, Juan Arroyo, jefe de Producción y Distribución Editoriales de la UAM Azcapotzalco, también leyó algunos poemas.

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